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¡Que vienen los lobbies!

Juan Francés recoge varias experiencias en su libro y también interesantes conclusiones sobre la práctica del lobby en España.

“[T]odas y cada una de las leyes que se aprueban en el Consejo de Ministros, y después en el Congreso de los Diputados, son objeto de intensas campañas de presión por parte de los diferentes tipos de lobbies […] que utilizan sus estrechos contactos con los poderes públicos para obtener una legislación favorable a sus intereses o para frenar leyes que les son contrarias.

Este libro arroja luz sobre esa poderosa y creciente industria del lobby, y tiene como objetivo no sólo dignificar la imagen del lobista, que no hace más que defender los intereses de los representantes de la sociedad civil ante el poder establecido, sino también proponer una regulación que impida que esta actividad se realice en España a oscuras, a espaldas del conocimiento público y mediante prácticas más cercanas al tráfico de influencias que a la legítima y necesaria actividad del lobby.”

Esta es “[u]na apuesta por la transparencia de las relaciones entre los grupos de interés y el poder que haga posible separar las prácticas ilícitas de las que no lo son”, en la que Javier Valiente aporta su visión como Socio Director de Political Intelligence:

Sobre la actividad de Political Intelligence

«Hay momentos de más actividad legislativa y otros más bajos, habitualmente al principio hay un tipo de legislación más acorde con lo postulado en los compromisos electorales del partido que ha logrado el Gobierno, mientras que en los dos últimos suele elaborarse otro tipo de legislación que busca más el compromiso», explica Javier Valiente.

Sobre la regulación del lobby en España

«Los principales interesados en cumplir la ley somos nosotros – explica Javier Valiente – porque nos dedicamos a esto, y seguiremos dedicándonos dentro de veinte años; el problema viene más de lobistas puntuales, una empresa o un abogado al que le toca hacer lobby en un momento dado y puede hacer una política de tierra quemada porque no se plantea volver a explicar su posición al político con el que está comunicándose.»

«Nosotros como lobistas nos tenemos que comprometer a trasladar información veraz – mantiene Javier Valiente de Political Intelligence –. Pero luego el político es el que tiene que contrastar esos datos y adoptar una posición sobre la legislación.»

Portada del libro ¡Que vienen los lobbies! de Juan Francés, Ediciones Destino.